viernes, 22 de enero de 2016

Amor en el supermercado

AMOR EN EL SUPERMERCADO


(Todos los derechos reservados)

Eduardo José Alvarado Isunza.
ealvaradois@yahoo.com


Lo encontró en la sección de libros y discos. Magro y musculoso, de rasgos faciales definidos y una mirada de expresión firme. Poco a poco fue haciéndose adictiva su compañía.


Todavía le enloquece recordar su acento, la precisión de sus palabras y sus conocimientos sobre los temas que ella disfruta. Es como una gota del mítico Poison de Christian Dior en el cuello.

Quizás incluso llegue nuevamente a buscarlo con pretexto de buscar algún disco de jazz sampler, sonido que recién descubrió en casa de una amiga.

Sabe de antemano que allí no lo encontrará, porque no es música comercial. Sólo quiere volver a olerlo, mirarlo, escucharlo y quizás sentir su cercanía.

Quizás le pregunte qué significado tiene eso de sampler y él le dirá que es convertir un estilo de música en algo diferente.

Desde pequeña desarrolló gusto por la buena música y literatura. Sus padres le estimularon dicho sentido estético.

En las frías mañanas de otoño disfruta calentarse con el sol en la terraza de su fantástica residencia, donde hay un pequeño estanque con tortugas. Allí toma café de la zona pame que le parece de un sabor excéntrico.

Fue un descubrimiento semejante al de un filatelista que encuentra un valioso sello postal en un sitio inusitado.

Simultáneamente escucha música y lee. Últimamente disfruta la sugestiva interpretación de Bob James a “Una noche en montaña baldía” de Mussorgsky y lee “La caverna” de Saramago.

Fue de las primeras cosas que conversaron y eso terminó por encantarla. Sabe que no abundan a quienes interesen dichos temas. Todavía la sorprendió más el dato de que “Una noche en montaña baldía” fue incluida en aquella vieja cinta “Saturday night fever” de John Travolta.

Le contó que, sin embargo, aparece rebautizada como “Una noche en Disco Montaña”. Y sonrieron.

Fue cautivante descubrir un hombre que notoriamente pasaba tardes en un gimnasio y aparte gustase de la buena música.

Está casada con un alto ejecutivo de una empresa trasnacional. Sin embargo, a pesar de su espléndida posición económica no es completamente feliz. Y no lo es, porque él pasa buena parte del mes en el extranjero.

Además es sexualmente impotente, quizás a causa de una deficiencia cardiovascular. O eso es lo que ella piensa ocasiona su inapetencia y la escasez de su encuentros.

Claro que tiene automóvil para su uso individual, un abanico de tarjetas bancarias y toda clase de comodidades.

Ella buscó acercársele a pretexto de un buen libro para entretenerse en sus largos días de ausencia. Fue él quien recomendó “La Caverna”. Le dijo que allí Saramago asociaba a los centros comerciales con el viejo mito de Platón.

Cuanto sucede en estas cavernas creemos que es la realidad. Enseguida le contó algo acerca de la doxa y la episteme, dos conceptos que sólo había escuchado en boca de su padre.

Le pareció extraordinario. Ella volvió a sentir esa vieja experiencia de las quinceañeras como que caen los calzones. Ese mismo día lo llevó a casa. Luego él intentaría chantajearla. Guardaba unas fotos suyas en la memoria de su teléfono celular.

Le había fotografiado desnuda en su cama, mientras dormía extasiada, durante los días de ausencia de su marido.

Recordó a Saramago cuando él exigió dinero por su silencio. Todo cuanto hay en un supermercado es superficial y te hace experimentar una desagradable sensación de hartazgo.

No era necesario despreciarlo ni sentirse afectada. Entendió perfectamente que él era una mercancía más, como los discos y los libros que disfrutaba.

Lo compró como un frasco que depositaría en su alacena y cuyo contenido tomaría cuando quisiera. 

San Luis Potosí, S.L.P., a 14 de diciembre de 2005.

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